Que haya gente que va a la iglesia los domingos no deja de ser anecdótico.
Tengo la imagen de cuando era pequeño y fuimos a ver los de casa un partido a San Mamés del Bilbao Athletic, filial del club bilbaíno. En aquel entonces jugaban en la 2ª máxima categoría junto a otros ilustres equipos vizcaínos como el Sestao River. No soy capaz de recordar el rival de aquella tarde del Bilbao Athletic pero sí que se ganó.
Antes o después de aquello, otro domingo, esta vez a las 11:30 de la mañana, mi padre me llevo a La Florida a ver al Portugalete, un equipo al que tengo desde siempre un gran cariño. Fuimos durante algunos años más a ver jugar al Portu con relativa asiduidad alternando el equipo entre la 3ª División y Preferente.
Algo más tarde, en el año del centenario, comencé a asistir domingo tras domingo a la catedral del fútbol a ver los partidos del Athletic. Tengo recuerdo especial de aquel sábado en plena Aste Nagusia 98, en que el Athletic venció al Dinamo Tblisi de Georgia en la previa de la Chanpions. Después fuimos a la azotea del edificio de la oficina de un familiar a ver los fuegos artificiales que ganarían el concurso de pirotecnia de aquella Semana Grande.
Y muchas y muy diversas otras tardes y noches de fútbol que recuerdo y que sigo viviendo aún a día de hoy.
Por eso no me entra en la cabeza ver un partido de fútbol por TV y ver las gradas vacías, poder escuchar los improperios de los entrenadores e incluso los aviones que pasan por los alrededores del campo.
El fútbol de semana tras semana, el de la liga, se ve en los campos de fútbol, el domingo y a las 5 de la tarde.
Así que tú, presidente de la Liga, dueño de las televisiones, ciudadano chino o japones, levántese el domingo del sofá, y lleve a su hijo a ver el partido.
viernes, 18 de septiembre de 2009
jueves, 10 de septiembre de 2009
Pescado capital
En mi tienda de revistas habitual creo que me tienen en buena estima. Aunque no sé como tomarme que hayan cambiado las publicaciones musicales y las hayan puesto junto a las revistas para adultos que leen los niños...
Hay un disco de Bob Dylan que es superior. Por encima. Así es que cuando entro en una tienda, pido un katxi en una txosna o llaman a casa para ofrecerme teléfonos, me gustaría tener la sensación de que la persona al otro lado hubiera escuchado alguna vez en su vida "Blonde on Blonde".
Y la mayoría de veces no la tengo.
Hay un disco de Bob Dylan que es superior. Por encima. Así es que cuando entro en una tienda, pido un katxi en una txosna o llaman a casa para ofrecerme teléfonos, me gustaría tener la sensación de que la persona al otro lado hubiera escuchado alguna vez en su vida "Blonde on Blonde".
Y la mayoría de veces no la tengo.
martes, 8 de septiembre de 2009
Romeo le dijo a Julieta en el balcón
Ya desde antes de conocerte supe que no lo entenderías. Ibas de lado a lado de la casa cantando, echándoles sonrisas a todos los señores de los cuadros del pasillo. No es caminar lo que tu haces; te deslizas.
Y mientras tú te preocupabas por los comentarios que escuchabas acerca de mi actitud de un tiempo a aquella parte, yo seguía allí, en tu sofá favorito, intentando darle vueltas a nuestra moneda de una sola cara.
Ahora ya no tenemos mucho que ofrecernos el uno al otro. Alguna revancha a partido único alguna vez, cuando tú no tienes ningún nuevo misionero malabarista con el que hacer tus viajes. Porque tú no sabes vivir de otra manera. Normalmente tú propones y yo me dejo llevar. Después yo me canso enseguida y volvemos a lanzarnos los objetos de uso cotidiano y doméstico que encontremos más a mano.
Calamaro te compuso una canción y, cambiando dos o tres letras de tu nombre, la tituló finalmente "Lorena". En ella canta que "hay que ser hombre/ para olvidar a una mujer" y pasados dos segundos remata "si no hay otra igual". Y seguro que él sabe de lo que habla, como lo sé yo, y creo que tú intuías.
Y es que siempre fuiste un poco bruja y debiste de dejar algo tuyo dentro de mí. O quizás me embrujaste aquel día hablando por teléfono unos días después de que terminara todo. Acuérdate, me dijiste que ojalá a partir de entonces nunca más volviera a tener suerte en mi vida y nunca volviera a encontrar a nadie a quien querer y viceversa. Pero no lo decías con maldad porque tú no tienes de eso.
El caso es que ninguna otra ha vuelvo a conseguir que yo discuta por tonterías, hable por teléfono con ellas o rellene con nuevas ideas una lista de posibles regalos. Nadie me ha insultado con tu pasíón porque nadie la tiene. Ni con el amor con el que tú lo hacías.
Vivo pensando en tatuajes que disimulen un poco el tuyo, que no se ve pero sí se toca.
A fin de cuentas somos polos opuestos y el puzzle sólo tiene dos piezas
Y mientras tú te preocupabas por los comentarios que escuchabas acerca de mi actitud de un tiempo a aquella parte, yo seguía allí, en tu sofá favorito, intentando darle vueltas a nuestra moneda de una sola cara.
Ahora ya no tenemos mucho que ofrecernos el uno al otro. Alguna revancha a partido único alguna vez, cuando tú no tienes ningún nuevo misionero malabarista con el que hacer tus viajes. Porque tú no sabes vivir de otra manera. Normalmente tú propones y yo me dejo llevar. Después yo me canso enseguida y volvemos a lanzarnos los objetos de uso cotidiano y doméstico que encontremos más a mano.
Calamaro te compuso una canción y, cambiando dos o tres letras de tu nombre, la tituló finalmente "Lorena". En ella canta que "hay que ser hombre/ para olvidar a una mujer" y pasados dos segundos remata "si no hay otra igual". Y seguro que él sabe de lo que habla, como lo sé yo, y creo que tú intuías.
Y es que siempre fuiste un poco bruja y debiste de dejar algo tuyo dentro de mí. O quizás me embrujaste aquel día hablando por teléfono unos días después de que terminara todo. Acuérdate, me dijiste que ojalá a partir de entonces nunca más volviera a tener suerte en mi vida y nunca volviera a encontrar a nadie a quien querer y viceversa. Pero no lo decías con maldad porque tú no tienes de eso.
El caso es que ninguna otra ha vuelvo a conseguir que yo discuta por tonterías, hable por teléfono con ellas o rellene con nuevas ideas una lista de posibles regalos. Nadie me ha insultado con tu pasíón porque nadie la tiene. Ni con el amor con el que tú lo hacías.
Vivo pensando en tatuajes que disimulen un poco el tuyo, que no se ve pero sí se toca.
A fin de cuentas somos polos opuestos y el puzzle sólo tiene dos piezas
domingo, 30 de agosto de 2009
No es sólo cuestión de suerte
Uno aprende a no tomarse demasiado en serio. Dos nunca.
Las tres semanas viviendo sólo en casa me habían hecho cambiar de opinión acerca del Pan Bimbo. Benditos los hornos. Por no hablar del día que apareció en la cocina, por arte de hermana, una soberana barra de pan... ¡campesina! Aquel día comimos bocadillos, tostadas, más bocadillos, untamos pan con todo lo que había por el suelo. Evidentemente no quedaba pan para la cena, pero siendo un día tan distinguido, decidí que no valía la pena joderlo y comer cualquier mierda con pan de molde. Aquello tenía que terminar bien.
Cogí el coche y fui al segundo hipermercado más cercano. Cuarto pasillo... congelados... ¡Bingo! Lasañas, san jacobos, pizzas... Los países nórdicos sí que saben lo que es comer. Descarté todas las marcas que no fabrican para otras marcas y, de entre todos los productos más baratos, me quedé con la pizza más cara. La elegancia y el saber estar nunca hay que saber perderlas. Además todo el mundo sabe que las pizzas con peor aspecto son las mejores una vez están listas.
En casa no precalenté el horno pues estaba lleno de sartenes, cazuelas y demas artefactos que, de sacarlos, tendría que volver a guardarlos. El micro-ondas era el invento del siglo XX y, por consiguiente, di cuenta de mi pizza en un estado de descomposición preocupante en productos de tan baja calidad.
En la televisión el fútbol de pretemporada me turbaba, en el ordenador había la misma mierda de siempre y en el salón el carro de las bebidas me miraba de una manera demasiado "ni-se-te-ocurra" como para atreverme a tener el par de huevos necesarios para abrir esa botellita de ginebra normal.
Aprendí otra buena lección, y es que a falta de pan, mejor será que salgas por la noche.
Las tres semanas viviendo sólo en casa me habían hecho cambiar de opinión acerca del Pan Bimbo. Benditos los hornos. Por no hablar del día que apareció en la cocina, por arte de hermana, una soberana barra de pan... ¡campesina! Aquel día comimos bocadillos, tostadas, más bocadillos, untamos pan con todo lo que había por el suelo. Evidentemente no quedaba pan para la cena, pero siendo un día tan distinguido, decidí que no valía la pena joderlo y comer cualquier mierda con pan de molde. Aquello tenía que terminar bien.
Cogí el coche y fui al segundo hipermercado más cercano. Cuarto pasillo... congelados... ¡Bingo! Lasañas, san jacobos, pizzas... Los países nórdicos sí que saben lo que es comer. Descarté todas las marcas que no fabrican para otras marcas y, de entre todos los productos más baratos, me quedé con la pizza más cara. La elegancia y el saber estar nunca hay que saber perderlas. Además todo el mundo sabe que las pizzas con peor aspecto son las mejores una vez están listas.
En casa no precalenté el horno pues estaba lleno de sartenes, cazuelas y demas artefactos que, de sacarlos, tendría que volver a guardarlos. El micro-ondas era el invento del siglo XX y, por consiguiente, di cuenta de mi pizza en un estado de descomposición preocupante en productos de tan baja calidad.
En la televisión el fútbol de pretemporada me turbaba, en el ordenador había la misma mierda de siempre y en el salón el carro de las bebidas me miraba de una manera demasiado "ni-se-te-ocurra" como para atreverme a tener el par de huevos necesarios para abrir esa botellita de ginebra normal.
Aprendí otra buena lección, y es que a falta de pan, mejor será que salgas por la noche.
lunes, 24 de agosto de 2009
cuando eramos reyes
Musica lenta, francesa. Canta una tipa.
Nos recuerdo en el patio del colegio siendo los putos dueños de todo lo que habia alrededor. Controlandolo todo, haciendo gestiones por telefono para hacernos con entradas para la fiesta universitaria del viernes, negociando con dueños ineptos de salas de conciertos. Todo. En definitiva, llegando al final de nuestro reinado en un lugar que, ya desde los 16 años, nos quedaba pequeño.
Era un orgullo ser uno de los nuestros. Una garantia de que, en caso de problemas, ibas a salir bien parado.
Y te recuerdo a ti, siendo nuestra cabeza mas visible.
El nombre que todos conocian.
Deberias pensarlo.
Nos recuerdo en el patio del colegio siendo los putos dueños de todo lo que habia alrededor. Controlandolo todo, haciendo gestiones por telefono para hacernos con entradas para la fiesta universitaria del viernes, negociando con dueños ineptos de salas de conciertos. Todo. En definitiva, llegando al final de nuestro reinado en un lugar que, ya desde los 16 años, nos quedaba pequeño.
Era un orgullo ser uno de los nuestros. Una garantia de que, en caso de problemas, ibas a salir bien parado.
Y te recuerdo a ti, siendo nuestra cabeza mas visible.
El nombre que todos conocian.
Deberias pensarlo.
lunes, 17 de agosto de 2009
cuestion de suerte
Cerrarás la puerta y tirarás por ahí tu abrigo. Te tumbarás conmigo en el sofá y lamentarás lo mal que fue el día. Cenarás y fumarás desnuda en la cocina mientras echas un vistazo a El Semanal.
Y un día cualquiera me dirás que ya no puede ser.
PD- Música NO es actitud. Un poco de talento, por favor.
Y un día cualquiera me dirás que ya no puede ser.
PD- Música NO es actitud. Un poco de talento, por favor.
viernes, 14 de agosto de 2009
vestirse o rendirse
Marisa adora el cine, charlar con sus amigas en un bar el día después de una gran noche y sentarse en el acantilado las noches de verano para ver las estrellas.
A Alberto le come los huevos toda esa porquería. Él simplemente disfruta con un buen kebab.
El vienres era su primera cita. Irían al centro comercial al estreno de un film que Marisa quería ver. A Alberto le importaba una mierda la película pero a la salida podría ir por primera vez al nuevo Kebab que habían abierto en el lugar, del que se hablaban maravillas. Todo bien.
Una vez en la sala, Marisa no fue capaz de meterse en la película desde un primer momento. "Ese maldito director y su manía de no ceñirse al guión", pensó. Después Alberto vomitó en la mesa su kebab-sólo-carne. Para esto no había explicación.
Acordaron volverse a ver.
Se quieren.
A Alberto le come los huevos toda esa porquería. Él simplemente disfruta con un buen kebab.
El vienres era su primera cita. Irían al centro comercial al estreno de un film que Marisa quería ver. A Alberto le importaba una mierda la película pero a la salida podría ir por primera vez al nuevo Kebab que habían abierto en el lugar, del que se hablaban maravillas. Todo bien.
Una vez en la sala, Marisa no fue capaz de meterse en la película desde un primer momento. "Ese maldito director y su manía de no ceñirse al guión", pensó. Después Alberto vomitó en la mesa su kebab-sólo-carne. Para esto no había explicación.
Acordaron volverse a ver.
Se quieren.
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